Cuando lo escuche a Urtubey hablar de igualdad, a Biolcatti de distribución de la riqueza y Obama de paz , desconfíe.
Quiero empezar insistiendo que la idea de neutralidad en política (imparcialidad) es necesariamente una ilusión; la misma es imposible ya que dadas las estructuras de las sociedades contemporáneas, cualquier verdad simple y directa sobre las instituciones y los sucesos políticos está condenada a tener consecuencias políticas y en perjudicar a algún grupo de intereses.
Esto viene a cuenta de cómo actúan los sectores dominantes que plantean un paradigma que asume que el orden social significa la ausencia de conflicto social, en la forma de rebelión y confrontación y la aceptación de la normativa lograda por un proceso de consenso o de dominación total. Esta es la idea que subyace en la vuelta a un país normal (ej Buzzi dixit), está claro que la normalidad hace alusión a que lo dejen saquear y dominar el país, la provincia, el mundo, a gusto y placeré.
Lo concreto es que las clases dominantes utilizan un lenguaje doble, uno hacia el interior de su propia clase que es directo, literal, descarnado; y otro el más interesante para mi gusto hacia el exterior de la misma, que aparece como alegato a la opinión pública, en este en general se ve la reacción acostumbrada de toda clase dominante que siente amenazados su prestigio y sus privilegios; necesita para camuflarse, confundir su suerte con la de la ciudad, la de la nación, o el mundo, y su interés particular con el interés público, en este caso los ejemplos abundan: “el campo somos todos”, “EEUU Guerrea en defensa de sus propios intereses pero son presentadas ante la opinión pública como cruzadas por la paz y en defensa de la humanidad”.